Demasiado etérea para pertenecer a este mundo.
La casa Farnsworth, como otras de Mies, es una manifestación pura del espacio.
En la práctica tal vez nos parezca un poco insegura.
Claro que la tecnología actual en Europa, permite cerrarla con vidrios anti-bala, alarmas y otras medidas electrónicas`para que sigua siendo como és, tan transparente, tan bella..
En su apariencia liberal, verde y ecológica esta casa es bastante fascista hacia el espacio urbano, al cual se cierra, ofreciendo tan solo su cara más severa, la de una pared sin fin, que no admite ningún diálogo. Que separa nítidamente el mundo perfecto del interior de cualquier exterior.
Hoy casi 100 años más tarde, Mies sigue siendo noticia de portada. Porque el mundo que predijo, ya está aquí, para quedarse por largo tiempo.
El mundo que hemos construido desde los tiempos de Mies, se parece mucho a este paradigma.
Un mundo hostil, dentro del cual nos sentimos encerrados en una cápsula personal. Una isla idealizada en un mar incierto. Más allá del jardín, del otro lado de la valla algo hierve.
El primer mundo con su inmaculada perfección no está preparado para la mala educación del tercer mundo.
El primer mundo resulta casi paradisíaco.
Lo único que no resulta tan perfecto es el tener la fuerte sospecha de que todos los blindajes no serán suficientes y que en algún momento nuestra hermosa burbuja de individualismo será inevitablemente violada por el profetizado transgresor.